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microrrelato

#319

By 15 noviembre, 2021noviembre 30th, 2021No Comments

No estoy aquí. Estoy en todas partes. Estoy fragmentado en millones de esquirlas de luz que se funden en un vaho de leche etérea. El cosmos está tejido de frío y cristales de un hielo ardiente que traspasa mi piel. Me veo reflejado en millones de espejos. En todos veo lo mismo. Nada. Pero no necesito ver, porque mis ojos son fuego. Fuego albino que cubre las rocas con cantos y besos. Soy un ruido hecho de dientes, supurando ácido y petróleo. Veo surgir las cadenas latiendo. Huele a noche. Pero también a primavera. Escucho las voces y todas me hablan, en un mantra monocorde infinito, ondas perfectas que dibujan el sonido de las esferas. En el vacío, solo estoy yo. Y estoy llegando, a lo más profundo, a un corazón incandescente, una vidriera de amapolas, una torre inmensa hecha de sangre y frágil como un diente de león. Es el éxtasis de la mala semilla. Es el grito del hombre de la montaña. Es el día efímero y la noche eterna.

Me levanto al día siguiente y leo lo que he escrito. Saco la conclusión de no volver a escribir con fiebre jamás.

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