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microrrelato

#305

By 1 noviembre, 2021noviembre 30th, 2021No Comments

He de advertir que este microrrelato no lo he escrito yo. Lo ha creado un lector/a anónimo/a que no ha querido que desvele su género ni identidad. Se dirigió a mí por correo electrónico y me pidió que si me gustaba, que lo publicara entre mis 365 microrrelatos. Obviamente no podía hacerlo sin confirmar que yo no soy el autor del mismo. Así que agradecer a este/a anónimo lector/a contribuir a este año de microrrelatos. 

Se conocían desde hacía años.

Eddie había perdido la cuenta de cuánto tiempo hacía que no se veían, pero lo cierto es que al reencontrarse, sintió esa alegría sincera de cuando te reencuentras con un amigo de verdad. Porque Charly era un amigo de verdad.

Fue de él de donde sacó la idea de alterar su nombre, porque Eduardo es un nombre anodino de un chico anodino que vivía en una de tantas ciudades dormitorio de Madrid. Y ciertamente Eddie era un nombre que se olvidaba menos, al igual que Charly.

No recordaba cuándo empezó su amistad. Haciendo memoria, creía que fue en Primaria, un día cualquiera. Antes de meterse en la cama, Charly le llamó desde la calle y Eduardo se asomó a la ventana y lo vio allí parado, saludando amigable, con esa sonrisa que pronto se hizo tan familiar. Con esa decisión en los ojos que pronto le animó a hacer cosas que nunca hubiera realizado de no ser por él y sus consejos.

–¿Qué hacemos? ¿Cuál es tu plan para hoy, Charly?

–No tenía ningún plan, pero seguro que se nos ocurre algo interesante, como siempre.

–Yo tenía pensado ir a ver a mi madre, hace tiempo que me llama y no le contesto… me da pereza. Pero hoy me he levantado con ganas de ir a visitarla.

–Genial Eddie, seguro que se alegra de verme.

El timbre de casa de la madre de Eduardo sonó.

–Hijo, me tenías muy preocupada, tanto tiempo sin saber de ti.

Vio cómo su Eduardo se sentaba a la mesa y reparó en que separaba otra silla. Alerta.

–Mamá perdóname, he estado muy ausente, muchas cosas en la cabeza.

Estaba muy pálido y dejado. Le había vuelto el pequeño tic en el ojo. Alerta.

–Pero–prosiguió–esta tarde al ver a Charly nos ha parecido bien venir a verte por fin.

Alerta, alerta.

Sintió ese cosquilleo en la nuca que se siente cuando algo no va bien. Charly había vuelto. Tras tanto tiempo, la esquizofrenia había vuelto a desestabilizarlo. Se levantó en dirección a donde tenía su móvil…

–¿Mami, a quién vas a llamar? –le espetó Charly con el tono más siniestro que nunca había oído.

 

 

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