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microrrelato

#302

By 29 octubre, 2021noviembre 30th, 2021No Comments

Tuvo una gran idea para un relato, pero igual que vino se fue y cuando intentó recordarla, no pudo. Empezó a buscarla, porque le parecía una gran idea, por todas partes. Miró primero en casa, en cajones, armarios e incluso debajo de la cama. La idea no parecía estar ahí. Decidió buscarla por la calle, no fuera que la idea hubiera tenido la ocurrencia de salir a pasear. Tampoco obtuvo resultado. Cogió un tren y se dirigió a Italia, porque le parecía un buen lugar donde una idea podía ir y allí no la encontró, pero vio edificios maravillosos y también comió helado. De ahí cogió un avión a África y luego América, para acabar recorriendo una multitud de países en los más peculiares medios de transportes, desde un burro a una avioneta, pasando por camellos, sidecar o bicicleta. No quedó continente que pisar. Le creció la barba e incluso llegó a pensar que la idea se podría haber escondido allí, entre la espesura. Se la cortó y no la vio por ningún lado. Llegó el momento de llegar a casa. “Seguro que ocurre lo de que la idea siempre estuvo allí” pensó, esperanzado, pero no fue así como ocurrió. Se sentó, cansado de tanto viaje y algo decepcionado por haber perdido irremediablemente aquella idea. En lo que no había reparado hasta aquel momento, era en la cantidad de ideas nuevas que habían nacido y que le venían acompañando por todo su periplo. “Pues este será vuestro nuevo hogar” dijo al nuevo grupo de ideas, que correteaban inquietas por toda la casa, efervescentes.

La gran idea nunca volvió. Pero ya nunca la echó de menos.

 

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