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microrrelato

#292

By 19 octubre, 2021noviembre 30th, 2021No Comments

Intentaba estar tan quieto que incluso dejó de respirar. Allí agazapado tras una gran roca, Malik escuchaba el sonido metálico de unas patas que escudriñaban la zona, buscándolo. Podía oír los sensores de la cabeza del cuadrúpedo robótico, girando a derecha e izquierda para barrer aquel árido entorno en busca de constantes vitales. Malik esperó pacientemente a que se aproximara bajo él. Lo había detectado a pocas millas de allí, con la suerte de haber podido huir antes de que lo hubiera fijado como objetivo. Malik cogió un pedrusco mediano que quedaba cerca de su mano muy lentamente. No era la primera vez que lo hacía. Llevaban meses tanteando los puntos débiles de aquellos armatostes, hasta que descubrieron que la cabeza era la parte más sensible. Esperó a que estuviera muy cerca de él. Sudaba y notó un pequeño temblor. Sabía que solo tendría una oportunidad. Apretó los ojos por un momento y se encomendó a Alá. Cuando percibió que la cabeza miraba para el lado contrario, lanzó la piedra hacia el lado opuesto de donde estaba él. El robot se puso en alerta, haciendo sonar sus articulaciones hidráulicas. Ese era el momento exacto. Malik sacó la otra mano otra piedra, esta más afilada y robusta. La arrojó con todas sus fuerzas. Se escuchó un golpe seco, un pequeño chispazo surgió y el robot perdió el equilibrio, mientras empezaba a disparar a discreción. Estaba a punto de volver a ponerse en pie, tanteando a ciegas el terreno, cuando Malik arrojó sobre él otro puñado de piedras a la cabeza hasta que el robot dejó de disparar y de moverse. Malik pensó que tardarían poco en solucionar ese fallo de diseño y vendrían otros más protegidos y fuertes. Y entonces ya no valdrían las piedras. Pero eso ahora mismo no le preocupaba. Se acercó al pequeño robot cuadrúpedo con cautela, para comprobar si estaba realmente apagado (había oído historias sobre falsos fallos de funcionamiento para tender emboscadas). Había sido, sin duda, un gran día. Conseguiría bastante por aquellas piezas. Se decía que los guerrilleros estaban a punto de conseguir hacer funcionar uno de estos, reprogramado. Además, lo recibirían como un héroe en el pueblo por haber llegar con un nuevo”perro del infierno”, como los llamaban, caído.

Cuando se acercó, oyó un leve sonido de engranajes.

Estaban en lo cierto. Lo del falso fallo de funcionamiento no era mentira.

 

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