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microrrelato

#222

By 10 agosto, 2021noviembre 30th, 2021No Comments

Me encontraba fuera de la casa de mis padres, en la terraza, disfrutando del desayuno. Comencé a oír la voz de mi padre desde dentro. En un principio pensé que estaría hablando por teléfono hasta que recordé que lo tenía estropeado, a la espera de uno nuevo. Entré en la casa, el salón estaba casi a oscuras.

-¿Con quién hablas papá?–pregunté, conociendo la respuesta.

Mi padre estaba sentado en el sillón orejero con las manos entrelazadas. Lo veía más frágil que nunca.

–Sería la televisión–dijo. Estaba apagada.

–Papá…

–Sí, hablaba con tu madre, ya lo sabes. Es que no puedo decírtelo porque te enfadas.

–No me enfado, papá. Pero sabes que ella está…

–Lo sé perfectamente–me interrumpió bruscamente–. Pero yo no tengo la culpa de que siga viniendo y me hable. Qué hago ¿no le contesto?

–¿Y qué te ha dicho esta vez?–dije intentando evitar el conflicto.

–Qué si quiero guiso de ese que hacía tan rico. Le he dicho que sí, claro. ¿Tú quieres?

No pude evitar que mis ojos se llenaran de lágrimas. Nos quedamos en silencio. Yo también echaba de menos a mi madre, por supuesto, pero esto era de todo menos sano. Está claro que cada uno lleva el duelo como puede, pero aquella no creo que fuera la manera más positiva.

–No te preocupes, papá, ya haré yo algo.

Me volví hacia la puerta para salir de nuevo a la terraza y poder llorar sin contenerme fuera de la vista de mi padre.

Cuando salía percibí un olor que llegaba desde la cocina. Era un aroma inconfundible, que llevaba tanto tiempo sin disfrutar. Era sin duda el que producía el guiso de mi madre. Me quedé paralizado allí mismo, mientras un sudor frío caía por mi espalda.

–Bueno, ya sabes como es, no acepta un no por respuesta–dijo mi padre tras de mí–. Ha contado contigo de todas maneras.

 

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