fbpx Skip to main content
microrrelato

#219

By 7 agosto, 2021noviembre 30th, 2021No Comments

El anciano desayuna solo, en una amplia terraza de suelo blanco y vistas infinitas al mar que es casi irreal. La brisa mece las hojas de las palmeras. Todavía es temprano y no hace demasiado calor. Hace una mañana perfecta para desayunar allí. El anciano deja que uno de sus asistentes llene su taza de té negro. Decide si comer alguna tostada más. El médico le ha recomendado que vigile su dieta y que cese las comidas copiosas.

Qué sabrá él.

Una tostada más de ese exquisito pan de semillas no le hará ningún daño.

Piensa si ha merecido la pena. El que todo se cayera como un castillo de naipes. Eleva la vista hasta el intenso cielo azul sin una sola mota de nube.

¿Merecer la pena? ¿darlo todo por ese país lleno de desagradecidos? por supuesto. Se ha ganado todo eso. El los salvó de volver al pasado. Pero a la historia no va a pasar por eso. Empieza a notar un retrogusto amargo en la tostada.

El anciano se queda mirando al infinito. Saca una moneda del bolsillo y juega con ella. La mira y ve su rostro grabado en ella, aunque le cuesta cada vez más reconocerse. Piensa en que cada vez quedarán menos monedas con su cara. Llegará un momento en el que no quede ninguna. Vuelve a guardar la moneda en el bolsillo.

Sí, a veces echa de menos todo aquello.

Y también salir en los billetes.

 

 

Leave a Reply

tres × cinco =