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microrrelato

#210

By 29 julio, 2021noviembre 30th, 2021No Comments

Cerró la puerta de la habitación muy despacio, como si no quisiera despertar a alguien inexistente que se hubiera quedado dentro. Salió al exterior del motel con paso cansado, casi derrotado. No recordaba cuánto tiempo llevaba alojándose en anodinos moteles de carretera, diseminados por aquellos cuarteados parajes. Sentía que cada día se dejaba en uno de estos sitios un trozo de sí mismo. Iba en vías de despersonalizarse del todo, de convertirse en una cáscara.

Las caras que lo miraban con extrañeza tenían algo de familiares. El calor del desierto desteñía la realidad. Montó en su coche y siguió conduciendo hacia la nada. Hacía semanas que había limpiado la sangre de su piel, pero la seguía sintiendo, como una mancha que deja un resquicio descolorido en una camisa. Estaba cansado de huir y cada día que pasaba lo sentía como una losa de granito sobre su espalda. Hasta las chicharras habían dejado de cantar.

La tierra era árida. La comida, arenosa. Los días era tórridos y las noches inclementes y hostiles. Sentía que su alma se estaba evaporando.

Había conseguido desprenderse de muchas partes de sí mismo en aquel camino sin rumbo.

Lo único de lo que no podía desprenderse era de la culpa.

 

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