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microrrelato

#198

By 17 julio, 2021noviembre 30th, 2021No Comments

Miraba frecuentemente las webs de inmobiliarias, buscando una buena oportunidad, en casas de campos, adosados, áticos… Cada poco, escudriñaba estas webs para buscar algo que pudiera interesarle por su zona.

Un día, navegando por una de estas webs de manera distraída, haciendo scroll con el dedo con desgana se encontró con algo que le llamó la atención. Dio con una casa (a bastante buen precio) que le resultó extrañamente familiar. Accedió a la oferta para consultar las imágenes. Conforme recorría las imágenes, empezó a trepar por su garganta una sensación de angustia. Conocía ese sitio. Los muebles, las habitaciones, los cuadros. Era la casa donde se había criado, la casa de sus abuelos.

“Es imposible” se dijo.

Esa casa, la casa donde pasó los primeros años de su vida, fue vendida y demolida hacía más de 20 años. ¿Cómo era posible que se encontrara de repente con aquellas imágenes en esa web?

Las fotografías, además, no parecían antiguas. Prestando más atención pudo comprobar que incluso tenían fecha. Se habían realizado tan solo hacía un mes. El corazón le latía desbocado. Agarró el teléfono para llamar a su hermano y contarle lo que estaba viendo. Volvió hacia atrás de la navegación pero esta se cortó. Volvió a los pocos momentos. Tenía el teléfono pegado al oído, dando tono de llamada.

Decidió descargar las fotos en su ordenador. Las abrió e hizo zoom para poder ver más detalles. Vio que había, en una de ellas, algo extraño reflejado en un espejo. Amplió más la imagen y vio que había una silueta de una pareja. Le recordaban mucho a sus abuelos.

Volvió a la página web de la inmobiliaria y pudo comprobar, horrorizado, que la oferta de la casa de sus abuelos ya no existía, había desaparecido. Cerró el navegador y volvió al escritorio para abrir las imágenes que había descargado.

Solo que ya no se encontraban allí. Empezó a buscar, con una sensación casi incontrolable de pánico por todas partes, en papelera, documentos… pero no había nada. Aquello no tenía ningún sentido.

Cerró el ordenador con una sensación desagradable de desasosiego.

No durmió esa noche.

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