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Mientras escribo suena la canción Hello de Hania Rani
Hola;
Espero que estés bien, muy bien o, al menos, mejor que desde mi última carta.
Como ha pasado bastante tiempo desde la última que envié, han pasado por mi cabeza bastantes temas que comentar en estas líneas. Depende del día me apetece contarte una cosa u otra. Pero como te he comentado en alguna ocasión, siempre he pretendido contarte lo que me pase por la cabeza en el momento que escriba esto, sin un plan premeditado ni preparación previa.
Las recomendaciones funcionan igual, son cosas que me apetece compartir en este momento y no en otro. Estoy seguro de que mañana escribiría una carta completamente distinta, como así lo sería si la hubiera escrito ayer. Y eso es algo que me gusta mucho de estas cartas, que si releo alguna antigua, es como contemplar una Polaroid, una instantánea de un momento concreto que nunca podría ser otro.
Me resulta curioso que, como reacción al clima actual de gente que ve las cosas en streaming en pantalla de móvil a velocidad x2 o bien en la tele pero mientras estás mirando tiktok, el sector más "autor" de hollywood (Nolan con su Odisea o Villeneuve con su próxima Dune parte 3, por ejemplo) a tendido a un viraje a las experiencias exclusivas. Básicamente, rodar en formato IMAX con cámaras mastodónticas e indicarte que la experiencia completa solo se puede vivir en un puñado de cines en el mundo por lo que cuesta un concierto (que esa es otra). Parece ser que ese es el futuro de la exhibición de cine, orientándolo a la experiencia inmersiva (como si no lo fuera ya ver algo en una pantalla de 15 metros a oscuras). Este tema, la proyección en cine, es un tema bastante complejo y más desde que las compañías de streaming entraron en juego.
Yo, que procedo de una generación que ha visto mucho cine en sala pero muchísimo más en VHS o cadenas de televisión, estoy bastante lejos de emocionarme por ver las cosas en una pantallas de 70 metros. Me encanta ver las cosas en pantalla de cine, creo que es el sitio más idóneo para ver una película, pero también me parece bien si la ves en tu tablet, tu móvil o tu microondas. Creo que el contenido de un film y su disfrute está por encima de su forma óptima de exhibición. Es un poco como si pensáramos que la gente que lee en el metro no estuviera leyendo bien ya que no lo está haciendo de la manera más idónea, que es frente a una chimenea. No sé, igual estoy equivocado, pero toda esta promo de La Odisea y el pitostio de rodaje con las cámaras IMAX no me pueden parecer más irrelevantes. Igual es que le tengo un poco de manía a Nolan, puede ser.
Es genial que se esté reivindicando una manera artesanal de hacer las cosas, creo que es algo que vamos a ver mucho en el futuro con todo este panorama de IAs generativas. Estoy viendo a muchos ilustradores, ilustradoras, diseñadores y diseñadoras volver a técnicas analógicas como declaración de principios y eso es algo de lo que siempre voy a estar a favor.
Mi formación como artista y creativo es mixta, me formé en la transición de lo analógico a lo digital. En aquel momento (principios de los 2000) daba la sensación de que el papel lo iban a prohibir y todo iba a ser digital y aséptico en el siglo XXI.
A mí, por bagaje, me gusta demasiado el error, la imperfección, la textura (o la mierda, directamente, dirían algunos) y la incorrecta utilización de las herramientas, así que desde entonces he intentado que toda mi obra tenga un aspecto artesanal y orgánico aunque la hiciera con una computadora. Porque algo que siempre he echado en falta del entorno digital es que la capacidad de sorpresa y el accidente es muy reducida. Por eso disfruto mucho realizando obras analógicas, donde la capacidad de control es muy limitada y el accidente va a ser inevitable. De ahí que me guste mucho de la combinación de ambos entornos.
Pero, al igual que he disfrutado de la calidad paupérrima de los VHS (una textura ahora muy tendenciosa), también lo hacía de los defectos de impresión de los tebeos y libros. Su descuadre de tramas, la calidad del papel. Y disfrutaba más de algunas canciones en casete que en CD. Aunque la calidad era inferior, se producían algunas distorsiones por el calor (no había que dejar las cintas en los coches a altas temperaturas porque la cinta se deformaba y producía variaciones en la onda de sonido, una especie de arcaico autotune) que me siguen fascinando.
Y es que creo que los formatos humildes son el eje principal de la cultura popular. Películas que pasaron sin pena ni gloria por salas de cine pero se convirtieron en piezas de culto gracias a los videoclubs, las revistas de tebeos (para chavales y adultos) a precios populares. Y conciertos a precios asequibles que estaban llenos de chavales.
Ahora, todo ese acceso masivo a la cultura parece que ha ido a parar a internet, dejando todos estos formatos más tradicionales (revista, cine, discos, libros) como algo más elitista y exclusivo.
Y desde hace unos años, el poder acceder a las obras por servicios de streaming se convirtió en algo sostenible debido a precios asequibles (que no se interprete nada de lo que digo como que todo sea gratis ni nada parecido, que yo soy el primero que está en contra de los conciertos gratuitos). Pero desde hace un tiempo, estamos viendo como al codicia desmedida de esas empresas empiezan a agotar al usuario, que ya se plantea dejar estas plataformas y volver a enarbolar la bandera pirata.
En los formatos analógicos, se cuidan mucho las ediciones, los libros ahora tienen las tripas decoradas con diseños y colorinchis, algunas pelis, las tochas de verdad, se ruedan y se estrenan en 75 mm... pero no olvidemos de cómo se hace el poso cultural una generación tras otra. Es la gente que accede a las cosas como puede, de una u otra manera. Supongo que llegar a un equilibrio es complicado. No tengo una solución para todas estas cosas.
Pero puestos a desear, me gustaría más salas pequeñas de conciertos a precios asequibles, más salas pequeñas de cine diverso, más bibliotecas y librerías con modelos sostenibles. Cosas que solo son factibles a pequeña escala y bajo la estructura del pequeño comercio. Precisamente el eslabón que está en vías de extinción.
Porque la era de la inmediatez y la impaciencia es un poco incompatible con todos estos conceptos.
En fin, lo que sí tengo claro es que lo importante siempre, siempre, va a ser la conexión entre obra y receptor, independientemente de si viene embalado en papel de plata o en papel de envolver pescado. |