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Como te decía, mi interés por este tipo de espacios es mucho anterior a conocer esta definición.
Porque por alguna razón, los espacios liminales me producen terror desde niño.
Creo que una de mis primeras experiencias sobre ello se debe a una pesadilla recurrente que tuve en mi infancia. En esta pesadilla, bajaba por unas escaleras infinitas, corriendo, sin llegar nunca a ningún lado. Estas escaleras eran unas muy concretas que yo conocía, las escaleras del edificio donde vivía un amigo mío.
A esa pesadilla se fueron añadiendo otras muchas basada en recorrer pasillos o estancias anodinas que no conducían a ninguna parte.
Creo que lo que me asustaba o inquietaba (no sé porqué hablo en pasado) de estos espacios es su total falta de identidad o personalidad. Espacios vacíos y muertos, sin ningún atisbo de humanidad o calidez. Precisamente veo en esta total y absoluta falta de identidad donde más pueden resonar tus miedos interiores, amplificarlos y llenar ese vacío. En estos espacios, donde no hay nada, el sujeto resuena como nota discordante, como un color estridente en un lienzo en blanco.
En la nada, cualquier cosa puede ser un todo.
Curiosamente, lo habitual es creer que un espacio terrorífico es lo opuesto, casas o entornos encantadas llenas de elementos sugestionantes, profusamente decoradas e intencionadas. Maximalismo puro, como un subrayado fosforito que te dice "EH, ESTO DA MIEDO".
Pero en estos lugares tópicos, precisamente debido a estos elementos, hay y hubo vida, hubo una intencionalidad espacial, arquitectónica y estética. Hasta las casas viejas abandonadas, aunque muertas, reflejan lo que fueron y tienen atisbos de una existencia que fue, algo con lo que se puede empatizar. Por eso creo que puede ser más terrible un espacio neutro y totalmente desprovisto de intencionalidad. En esa frialdad y deshumanización puede haber más desasosiego que en una vieja mansión victoriana.
Supongo que por esa razón, lo que más nervioso me ha puesto siempre de los tanatorios es su estudiada insipidez. No hay elementos que produzcan sugestión que añadan a las cargas que traen consigo todas las personas que discurren por sus pasillos y salas. Es algo que podemos extender a los anodinos espacios donde pasamos trances, como hospitales, ambulatorios o salas de espera de dentistas.
Aquí también entra la sensación producida al recorrer este tipo de lugares durante la infancia, algo que hacía a la menor oportunidad. Colegios (que no eran el mío), edificios altos cuando ibas a visitar a alguien a zonas de playa, restaurantes, clubs sociales, parkings...
Y al hilo de esto, recuerdo que en 2018 recorrí Escocia en pareja. Una de las noches nos alojamos en un hostal llamado Kyle Hotel, situado en el diminuto pueblo de Kyle of Lochalsh, el último pueblo antes del puente que conecta Escocia con la Isla de Skye (uno de los sitios más bonitos que he visitado en mi vida, por cierto).
Ese hotel (he visto que ahora reformado) estaba congelado en el tiempo desde hacía, mínimo, 50 años atrás. Tras tomarnos una pinta en el pequeño pub desangelado que servía también como recepción y antes de subir a la habitación, me di una vuelta por las instalaciones que salían de un pasillo.
Recorrí distintas estancias de moqueta rancia, tenue iluminación natural, cerradas al público y desprovistas de utilidad. En un momento dado, al atravesar salas y pasillos me dio la sensación de haberme perdido.
No creo que fueran más de 2 minutos, pero me parecieron horas.
Con una sensación algo incómoda y extraña llegué a la habitación.
Y esa sensación fue la chispa inicial de Hotel Noviembre, una obra donde los vacíos en el espacio son más importantes que los habitados.
Como te decía al principio, llevo unas semanas en las que no dejo de pensar en este tipo de cosas. Y diversos factores han ayudado a ello, pero, como te dije, siempre me voy a resistir a pensar en la sincronicidad de Jung como algo factible.
Estamos viendo la serie Severance, de Apple (a pesar de mis problemas para mantenerme despierto a partir de las diez de la noche), muy influida por el concepto de espacio liminal para transmitir esa sensación de entorno laboral extraño y deshumanizado. Supongo que te hablaré de esta magnífica serie cuando termine esta segunda temporada.
Además, hace muy poco me tropecé con un nuevo newsletter de Oscar Mora llamado El Paso del Cometa.
Ha lanzado el primer boletín y en él reflexiona sobre la palabra umbral.
Liminal viene del latín "limes" que significa límite o umbral.
Además, he terminado hace muy poco el libro del que te hablaré un poco más abajo. Me ha costado 10 años hacerlo, aunque realmente lo he leído en un par de semanas.
Me ha costado 10 años porque siempre que me proponía leerlo me producía pesadillas y lo abandonaba. Creo que ese intento (el definitivo) ha sido el cuarto.
Este libro se adelantó (se publicó en el 2000) a toda esta tendencia de Backrooms y espacios liminales.
Más abajo te cuento más. |