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Mientras escribo suena El Día de la Bestia de Def Con Dos.
Hola;
Espero que estés bien, muy bien o, al menos, mejor que desde mi última carta.
Es la primera vez (creo) que te envío una carta un martes, pero creo que es propicio ya que es el último día "normal" antes de la vorágine navideña, en la que me imagino que estarás en plena inmersión.
Porque aunque ahora viene lo gordo (escribo estas líneas escuchando el sorteo de la lotería de Navidad con cierta sensación de que mañana volveré a celebrar el famoso "día de la salud"), llevamos ya unos días calentando motores, cuando no ardiendo directamente con todo tipo de comidas, cenas y diversos fastos.
Además, en mi ciudad, Yecla, coincide que comienza la Navidad justo cuando terminan las fiestas patronales, por lo que llevamos ya unas semanas de poco respeto a una dieta sana y saludable.
Este momento del año invita, inevitablemente, a recapitular este ciclo solar. No sé si recuerdas que a principios de año publiqué una carta en la que me cagaba un poco en el concepto "wrapped" de recopilar tu año con estadísticas y cosas así. Aunque he de decir que he visto bajar de intensidad los mismos, posiblemente por saturación (ahora incluso la red social más asquerosa, Linkedin, tiene uno). Puede que hayamos entendido, en mayor o menor medida, que empezaba a ser un poco absurdo. Llega un momento que tiene una irrelevancia total.
Pero como ya te dije en la carta citada, no está de más hacer un poco de auditoría personal. Hace tiempo que no me pongo propósitos de año nuevo porque asumí que el único que era válido como brújula era el de "haz lo que puedas con lo que tengas". Así que me temo que 2026 seguirá guiado por ese mantra.
Lo que se pueda en la medida que se pueda.
No sé si para ti también, pero para mí ha sido un año bastante intenso. Además lo divido en dos partes bien diferenciadas. La primera mitad fue relativamente tranquila, pero esta segunda mitad ha sido una especie de Thriller dirigido por Michael Bay, con muchos momentos de comedia involuntaria, algo de drama, suspense y todo un batiburrillo de subgéneros variados. Lo que viene siendo la vida pero en una dosis algo más concentrada de lo normal.
Pero me apetece hacer un experimento, si te parece bien. Si ahora mismo tuviera 1 minuto para mostrar un trailer con imágenes aceleradas de lo que ha sido este 2025 podría ser así, por orden:
Unos quintos brindando en el Cerro del Castillo; el atún rojo de Casa Montaña; el olor a vinilo del nuevo disco de The Cure; perder el premio a allegado del año, yo que tenía el discurso preparado; ver originales de Wilson McCay; cenar en la barra de nuestra preferida taberna japonesa de Valencia; conocer a unos caballos que viven a pocos metros de nosotros; los nervios antes de reunirme con editoriales a las que respeto mucho y contarles de que va la vaina esa de "Lazaretto Island", y de paso, exprimir Barcelona en menos de 48 horas; hacer sesión de fotos para Niña de Fuego en un lugar bastante turbio; el sonido de un timbal en medio de la noche, con la ciudad a oscuras; Un almuerzo pantagruélico y bajarlo en la casa de un escritor con el que comparto algo; Leer en la playa con la chaqueta puesta; robar estiércol y que nos pille la alcaldesa; conocer a una astronauta; visitar una casa y pensar "es esta y siempre lo fue"; que me hagan del sindicato M.I.E.R.D.A; observar lo bien que le sienta a cierta persona el traje típico yeclano; Que una gata me robe mi pizza en Mula; Que un señor del siglo XVI me enseñe como se hace una pluma para escribir; firmar un contrato de arras, sin ser yo nada de eso; un hotel masificado en medio de la nada (y de la costa); firmar junto al otro 50% de Niña de Fuego 100 discos dedicados con rotuladores plateados; disfrazarme de batman handmade; Zarandear; paseos matutinos con Linda; ver como consiguen que mi padre pruebe la pizza (a la vejez, viruelas); que mi sueño sea monitorizado con electros y cachivaches (sale mal); almorzar como dios manda en Sigüenza y volver a ver al Doncel, tantos años después; dormir en una casa del siglo XVIII pero que tiene la placa de la Calle Niño Jesús de Yecla; sentirte como un señor de 70 años en Cusco; sentirte como un niño de 10 ante un chocolate caliente en la plaza de Armas de esta misma ciudad; probar la posiblemente mejor empanada de pollo de mi vida; observar Machu-Pichu con tus propios ojos y que nos enseñen a calcular en Inca; ver como se monta una rave en un tren; alimentar a llamas y que estas se tomen ciertas libertades; tirarme por un tobogán de piedra; comprar cosas a 5400 metros de altitud; estar en un pueblo flotante; observar desde un autobús el post-apocalipsis; una cata de pisco en medio del desierto; experimentar un spa electrificado (literalmente); que te de envidia un convento (ciudad); pedir permiso a un policía para llevarte un cartel de la pared de un mercado y que este te mire como si fueras retrasado; ver leones marinos y pingüinos; lanzarte por las dunas del desierto haciendo el idiota y que meses después te siga saliendo arena de los bolsillos; ayudar a una señora a subir de dichas dunas haciendo cadena; pasear por el Malecón y elucubrar cuanto valdrá un pisito allí; ser padrino de una gatita muy guapa (y tuerta); volver a cumplir años y comprobar que no sientan tan mal como creía; tocar en una boda y comprobar una vez más como la voz de Patri pueda emocionar tanto; hacer de guía turístico para un grupo numeroso sobre los misterios de Yecla y volver a ver a tu amigo sonreir (aunque sea solo un rato); recibir una revista con las páginas de "Lazaretto Island" publicadas; que me hagan una sesión de fotos en un parking para "The Murcianer"; tener las llaves en nuestras manos, ir a la casa y arrancar el cartel de la inmobiliaria mientras me cago en ellos por enésima vez; abrazarnos con una mezcla felicidad y miedo a partes iguales; disfrazarme de vampiro y ser yo literal; dejar mi lugar de trabajo desde hace 10 años, con mucha más pena de la que mis compis de ofi sabrán nunca; estar con Linda todos los días y que me pida dos paseos (mínimo dos diarios); hacer de niñero y que se te pase volando; que el médico te diga que todo OK; ser consciente de un micro-momento de felicidad mientras leemos en el sofá; celebrar acción de gracias como buen estadounidense; abrir un nuevo calendario de adviento; escuchar los tiros desde la cama (bien); escuchar el himno de España desde la cama (no tan bien); Escuchar a Niña de Fuego por la radio y entrar en directo; ver pasar la procesión por nuestro balcón; ser un mal Montaraz pero ir con la mejor hobbit y la Compañía del Anillo más regulera a degustar platos de la tierra media; poner el árbol de Navidad hecho de listones de madera; pensar que a veces, no muchas, todo encaja.
Y con este último recuerdo me quedo.
No está nada mal, para un año. Da hasta vértigo, la verdad. Ha sido muy montaña rusa todo. Al 2026 solo le pido que si afloja un poco, no pasa nada.
Espero que tu año haya sido muy bueno y si no lo ha sido, espero que el que viene mejore. Y que al menos tengas micro-momentos de felicidad consciente, porque eso sí que es un unicornio. Pero aquí hemos venido a cazar unicornios.
Te deseo la mejor navidad posible. Rodeado de la gente que quieras tener cerca y que quiera tenerte cerca a ti.
Ni más ni menos.
Por cierto, si quieres leer mi anterior carta navideña, aquí puedes hacerlo. |